La mentira de la “Alta Funcionalidad”: Por qué parecer “normal” “nos está matando”

“Pero si tienes trabajo, pareja y amigos… no pareces autista“. “Eres muy funcional, apenas se te nota“.

Durante años, hemos recibido estas frases como si fueran cumplidos. La sociedad celebra nuestra capacidad para encajar, para ser productivas, para mirar a los ojos aunque nos duela, para sostener conversaciones que no nos interesan y para ocultar nuestras crisis sensoriales en el baño de la oficina. Nos llaman “Autistas de Alto Funcionamiento” (o Asperger, históricamente) porque nuestra inteligencia está preservada y nuestro lenguaje es fluido.

Pero como psicóloga especializada y, sobre todo, como investigadora que está dedicando su doctorado a estudiar el riesgo suicida en mujeres autistas, necesito decirte algo urgente: La “alta funcionalidad” es una etiqueta trampa. Y es peligrosa.

El coste invisible de “funcionar”

El término “alto funcionamiento” no es un diagnóstico clínico actual (el DSM-5 lo eliminó para unificarlo todo bajo el Espectro Autista ), es un juicio social. Mide cuánto molestamos a los demás, no cuánto sufrimos nosotras. Mide nuestra capacidad económica y laboral, pero ignora completamente el coste metabólico y emocional que pagamos para mantener ese ritmo.

Para “funcionar” en un mundo que no está diseñado para nosotras, las mujeres autistas recurrimos masivamente al Masking o camuflaje social. Esta estrategia consiste en suprimir conscientemente nuestros rasgos (evitar estereotipias, forzar contacto visual) e imitar conductas neurotípicas mediante guiones aprendidos.

Puede parecer una herramienta útil de adaptación, pero mi investigación y la evidencia científica actual nos dicen lo contrario: el uso prolongado del masking no es “superación”, es una vía directa al agotamiento y la enfermedad.

Cuando la adaptación se vuelve letal

La literatura científica es clara, aunque dolorosa. Mantener esta fachada de normalidad se asocia directamente con niveles severos de ansiedad, depresión y, lo que es más alarmante, un riesgo suicida oculto.

Los estudios que estoy analizando en mi tesis muestran datos que no podemos ignorar:

  • Las personas autistas tienen un riesgo casi tres veces mayor de morir por suicidio que la población general.

  • En el caso específico de las mujeres autistas, este riesgo es aún mayor que en los hombres autistas, invirtiendo la tendencia habitual de la población.

  • Investigaciones lideradas por Cassidy et al. identificaron que hasta un 66% de adultos diagnosticados previamente con Asperger (los supuestos “altamente funcionales”) habían contemplado el suicidio, y un 35% lo había intentado.

¿Por qué? Porque el esfuerzo por “parecer normal” nos desconecta de nosotras mismas. Nos lleva al Burnout Autista: un estado de colapso crónico donde perdemos habilidades que antes teníamos, causado por el estrés de vivir en una “falsa identidad” constante.

No es depresión, es agotamiento

Muchas mujeres llegan a mi consulta diagnosticadas erróneamente de depresión resistente, ansiedad generalizada o incluso Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Se les medica para “calmar” su intensidad o su tristeza, cuando la raíz de su malestar no es un desequilibrio químico aleatorio, sino una respuesta lógica a un entorno hostil y a una autoexigencia inhumana.

Si llevas 30 años actuando un papel sin descanso, lo raro sería que no estuvieras deprimida.

Hacia un nuevo paradigma

Necesitamos dejar de elogiar la “funcionalidad” y empezar a valorar el bienestar.

Ser “funcional” no debería significar ser capaz de trabajar 40 horas fingiendo ser quien no eres hasta colapsar el fin de semana. Ser funcional debería significar tener un entorno que respete tu neurodivergencia, que entienda tus tiempos de procesamiento y que no te obligue a camuflarte para ser digna de afecto o empleo.

Si te reconoces en estas líneas, si sientes que tu “éxito” externo es una jaula dorada que te asfixia por dentro, quiero que sepas algo: No estás rota, estás agotada. Y tienes derecho a soltar la máscara, aunque eso signifique parecer “menos funcional” a los ojos de los demás, para empezar a ser, por fin, funcional para ti misma.

 Referencias Científicas

Para quienes deseen profundizar, este artículo se basa en la revisión bibliográfica de mi actual proyecto de doctorado:

  • Botha, M., & Frost, D. M. (2023). Autistic burnout: The role of chronic minority stress and identity. Autism in Adulthood.
  • Cassidy, S., et al. (2020). Citado en Arqueros et al. (2025). Camouflaging and suicide behavior in adults with autism spectrum condition.
  • Hull, L., et al. (2020). Putting on my best normal: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders.
  • Lai, M. C., & Szatmari, P. (2020). Sex and gender impacts on the behavioural presentation and recognition of autism. Nature Reviews Neurology.
  • Santomauro, D. F., et al. (2024). The global burden of suicide mortality among people on the autism spectrum. Psychiatry Research.

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