Tienes una lista de tareas pendientes. Sabes que tienes que hacerlas. Quieres hacerlas. Te sientas frente al ordenador o te quedas de pie en medio del salón mirando el desorden, y te gritas internamente: “¡Muévete! ¡Hazlo de una vez!”. Pero tu cuerpo no responde. Pasan las horas, la culpa crece,…

